Quiero vivir lo más alejada del centro posible porque «Cuando estamos en la naturaleza, generalmente funcionamos a un ritmo diferente» (Hasbach, autor de Grounded )
Después de vivir en el Raval a vivir en un habitación de una casa con jardín en una urbanización entre la montaña de Collserola.
Pase de tener tres 24h supermarket, a tener que pensar mis compras semanales porque tan solo hay un condis con unos cuantos productos básicos. Pase de poder elegir entre tomar café de especialidad o café de alguna franquicia a: simplemente tomar café.
Me había acostumbrado a la facilidad de conseguir lo que quisiera cuando quisiera.
Estaba acostumbrada al ruido de los coches, a los gritos de los vecinos, a las fiestas día tras día, me había acostumbrado al centro de la ciudad.
La verdad que este caos tiene algo de encanto, pero verdaderamente estamos hechos los humanos para vivir entre asfalto ?
Vivir en las afueras me creó la necesidad de aprender, ya que si tenía hambre a las nueve de la noche, no había un Mc Donald 24h que calmara mis ansias.




En aquella casa empecé a cocinar y darle más atención a todo aquello que consumía.
Durante dos años viviendo en el Raval, sufría de mucha ansiedad, sentía que el tiempo volaba. Que de repente salía el sol y a los dos minutos era de noche.
Cada día con miedo a que me robaran el móvil, a atropellar algún guiri distraído en patines.
Pasando por delante de 3 o más personas sin hogar sin poder hacer nada.
Cada vez que iba a trabajar y atravesaba las ramblas con aquella cantidad de gente entraba en furia. Qué hacía tanta gente en una calle mirando el mismo punto.
Todo me irritaba. Vivía en una habitación de dos metros por dos metros con un perro pagando trescientos euros y creía que era una suerte.
Tras esta experiencia, empecé a cuestionarme, ¿Cómo afecta a nuestro bienestar vivir en la ciudad?
Un informe en inglés titulado Green and Blue Spaces and Mental Health (Espacios verdes y azules y salud mental) de la Organización Mundial de la Salud demuestra que pasar tiempo en la naturaleza (incluidas las zonas urbanas y periurbanas) mejora el estado de ánimo, la mentalidad y la salud mental.
En un momento pensé : “Pues claro que estamos locos , pues claro que cada día hay peleas, pues claro que siempre hay un loco que de repente te insultaba”.
La gentrificación y el centro de la ciudad no creo que nos haga bien.
En esta experiencia he aprendido que aburrirse es importante y que vivir aglomerados en ciudades es una de las cosas que me gustaría combatir.
En las ciudades hay trabajo y por eso todos vivimos cerca de ellas, pero tal vez con el teletrabajo y un mejor transporte público, podríamos crear una sociedad menos aglomerada y con menos ansiedad y depresión.
La realidad va mucho más lenta.
Los procesos son lentos, pero espero un día desaparezcan las ciudades, frutos del capitalismo.
